Reentender la acepción de «cultura», ¿la cultura ejecutarla como norma?, ¿la cultura de quién?.

En la retrospectiva histórica de nuestra especie, se origina la constitución de asociaciones de nuestro gremio en nómadas, hoy por hoy se circunscribe en un ejercicio ontológico, epistemológico y arbitrario lingüístico y lo hemos identificado en una cuantitativa nomenclatura como “culturas”, que ello es parte del eje vertebral del tema a abordar sobre representaciones simbólicas o lo que representa a las sociedades desde tiempos inmemoriales y que evoluciona a los grupos sociales actuales. Todo ello entendiendo que somos una especie en diáspora por las diversas latitudes del mundo, y que las nómadas prehistóricas, hoy son el símil de sociedades, ideologías, culturas y representaciones.

El mundo es muy diverso naturalmente, los biomas, la flora y fauna, fueron la puesta en escena natural para la diferenciación de las múltiples nómadas entre si. Desde comportamientos, habilidades y necesidades.

Dicho lo anterior, ejemplificando la acepción de culturas, ideologías, representaciones y sociedades desde las nómadas y la diaspora de nuestra especie, ahora bien, valdría la pena retrotraernos a cómo nos constituímos como sociedades, y para ello ser sabedores de tres razonamientos. El primero versa en torno a la palabra “cultura” que, en el transcurrir de los tiempos, se le ha agrupado con palabras como “intelecto”, “letrado” y “saber”, cuando “cultura” refiere simplemente a hechos y comunicaciones trascendidos por los tiempos que se convierten en maneras de vivir y entenderse. Por ello, vemos y escuchamos culturas, ideologías diversas, algunas más evolucionadas o desarrolladas en torno a derechos y libertades y otras con las que contrasta. Representaciones y sociedades por el mundo entero con los cuales nos diferenciamos los unos de los otros. Éstos conceptos son la base fundacional de nuestra especie, junto a otro como lo es el iusnaturalismo, como lógica natural nos muestra, que son tres derechos individuales antes de la historia, es decir, los derechos primigenios que tácitamente no estaban propiamente escritos, que son, derecho a la vida (defendiendo la nuestra y respetando la de otros), derecho a la libertad individual (respetando la de otros) y derecho a la propiedad privada (empezando por el cuerpo y lo que ello produzca cómo riquezas, patrimonio, respetando el de otros). Existen culturas, ideologías, representaciones y sociedades que irrespetan estos tres principios o derechos fundacionales prehistóricos pero que entendiendo la acepción de la palabra “cultura”, son ello, culturas, ideologías, representaciones y sociedades a final de cuentas, que no necesariamente son “tolerantes” “intelectuales” y “respetuosos” como las culturas en los tiempos que corren, aún perfectibles.

El segundo razonamiento es el planteamiento de lo extensiva de nuestra especie por cualquier latitud del mundo y lo coextensiva que por ende son las ideologías, culturas, representaciones y sociedades, con ello, un razonamiento de lógica nos lleva al pragmatismo, es decir; a la pluralidad de entendimientos a una misma situación, con lo cual, encausar la verdad al monopolio de una sola cultura de manera unipersonal o unicultural, estaríamos renunciando al pragmatismo o pluralidad racional de nuestra especie.

Y como tercer razonamiento, toda nómada, comunicación, cultura, ideología, representación, culto y sociedad, son simplemente convivencias de toda una especie en diáspora por el mundo que, han trascendido por los tiempos y han ido asentandose, evolucionando, arraigandose, junto al desarrollo de nuestra especie delimitando territorios, delimitando políticamente tierra, mar y aire, y que han implementado en cada territorio un sistema de jerarquización, de reglas y convivencia. Y con esa evolución no sólo tangible, sino, de acciones y comunicaciones, también está la evolución de razonamiento. Habiendo asentandose de nómadas a sedentarios y con ello, la implementación de dinámicas de comercio y la división del trabajo y dinámica de convivir es el claro ejemplo de como cada asentamiento tiene su dinámica, es una cultura diferente a otra en otro lado del mundo. Haciendo ese ejercicio de analogía para efecto de un mayor entendimiento, las culturas, las ideologías, las sociedades, las representaciones, los cultos, las prácticas y las comunicaciones, al ser coextensivas maneras de convivencia de nuestras extensiva especie que trascendieron a través de los tiempos y evolucionaron aquellas sociedades y sus convivencias, conviene desvincular aquel concepto mencionado de conceptos como, intelecto, tolerancia, respeto, libertad y garantías. La disciplina de la filología nos exhibe que, ha existido más que una evolución lingüística en ciertas expresiones o conceptos y con ello en ciertas comunicaciones, ha habido un desprendimiento lingüístico e histórico en el uso de la palabra, un desprendimiento de acepciones y comunicaciones correctas de modo tal que, enlazamos o mezclamos acepciones de palabras en una sola idea, y caemos en una disonancia cognitiva o en un mal empleamiento de ideas y arguemntos. Vinculamos la palabra cultura con intelecto, respeto, tolerancia, libertad, y no es que sea lo contrario, a lo que me refiero es que no es ni puras acepciones buenas ni puras acepciones malas, depende el contexto de cada cultura, y es el punto. Entendiendo de nuevo que, la palabra cultura simplemente refiere a prácticas y comunicaciones desde la historia remota de nuestra especie hasta nuestra actualidad, mezcla malas prácticas en contra de la libertad e individualidad, como buenas prácticas en pro de las libertades e individualidad. Por ello, como lo comenté al principio, las bases fundacionales de nuestra especie, es el iusnaturalismo, es decir; el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad privada, y habiendo culturas que, en un mundo y en una especie más concientizada en sus modos y contextos, y sabiendo que violan aquellas bases fundacionales, no debemos olvidar algo, siguen siendo culturas, diferentes a las nuestras y a aquellos principios rectores, pero culturas a final de cuentas. Y no es propugnar aquellas culturas violatorias, es hacer diáfana la discusión actual y la acepción de la palabra “cultura”, que no es sinónimo de ”bueno” ni sinónimo de “verdad”.

Hoy el objeto del deseo de nuestra especie, la sociología lo define como ‘lazo social’, pero en vista de la enajenación histórica y de la acepción de la palabra, de lo mal comunicado y por lo tanto de lo mal entendido, aquellas culturas, representados, sociedades, ideologías, instan a aquellas jerarquías (gobiernos) a que la “cultura sea norma” (su cultura), no sólo monopolizando la verdad, sino, asumiendo como “sin sustento, sin fundamento y sin motivación” a otras culturas, otros representados, otras sociedades, lo que genera un encono en nuestra especie y en sus diversas culturas. La negación a la interlocución, a la apertura, a la retroalimentación, al diálogo, a lo que Voltaire decía, que el objeto del debate no es la victoria, sino el consenso, estamos minando el posible camino al hoy utópico ‘lazo social’.

Les dejo la reflexión en si, hoy ante tantas movilizaciones la cultura debe ejecutarse como norma, ¿la cultura de quién? ¿superponer la cultura de quienes sobre la de cuáles? ¿cómo resolver ese entramado? ¿cómo evitar conflictos hasta bélicos o enconos sociales?

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar